Natalia & David

Una boda Diy

Una boda DIY | Cuando la wedding planner soy yo

Desde siempre he soñado con ser wedding planner. Por eso, cuando llegó el momento de organizar mi propia boda, decidí que cada elección, cada detalle, cada instante debía reflejar no solo nuestra historia como pareja, sino también mi pasión por el diseño, la organización y la estética cuidada.

Este proyecto es el resultado de meses de planificación en los que me involucré al 100%, desde la elección del espacio hasta el último detalle decorativo.

Reto

Una boda hecha a mano (y con el corazón)

El mayor reto fue equilibrar dos universos: el gusto más sobrio y práctico de mi marido, y mi visión más estética, emocional y detallista. Queríamos una boda elegante pero natural, moderna pero con toques rústicos, con una atmósfera íntima y muy personal.

El desafío consistió en coordinarlo todo sin ayuda externa, pero con la determinación de que cada invitado viviera una experiencia única. No se trataba solo de diseñar una boda, sino de contar una historia.

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Proceso

Elección del espacio

En toda boda, el primer gran paso es elegir el lugar. Sin finca, no hay magia posible. Así que nos pusimos manos a la obra en busca de un espacio que nos representara como pareja, que respirara naturaleza, calma y autenticidad.

La finca fue elegida principalmente por mi marido, pero al conocerla, supe que era perfecta. Su entorno natural inspiró toda la línea estética del evento: un aire libre cuidado, romántico y sin artificios.

Diseño gráfico y comunicación

Como buena diseñadora, tenía claro que esta parte era toda mía. Una vez elegida la finca y fijada la fecha soñada, tocaba comunicarlo al mundo… y hacerlo con estilo. Aquí es donde más disfruto: dando forma visual a las ideas, creando piezas que no solo informan, sino que emocionan.

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Diseñé un Save the Date con mucho cariño, como primer gesto para compartir la ilusión con nuestros invitados. Quería que, al recibirlo, supieran que algo muy especial estaba por venir… y que reservaran esa fecha con el corazón.

Más tarde, creé invitaciones personalizadas, una a una, con el nombre de cada invitado.

Además, desarrollé una web en HTML y CSS para centralizar toda la información práctica. Este sitio fue esencial para que nadie se perdiera nada.

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Ceremonia al aire libre

Lo más importante para nosotros era celebrar nuestra boda el mismo día, con toda la gente que amamos y en un entorno natural. Queríamos respirar aire puro, rodearnos de verde, de cielo abierto… reconectar con lo esencial. Porque si hay algo que hace única a una boda, es esa sensación de estar en paz, presentes y conectados con la naturaleza.

La ceremonia fue uno de los momentos más especiales. Se celebró al aire libre, con sillas blancas adornadas con lazos de rafia y paniculata.

Preparé conos de papel rellenos con pétalos blancos, distribuidos en cestas de mimbre para que los invitados los lanzaran a la salida.


Papelería y cartelería artesanal

Me encargué de todo el diseño e ilustración de los carteles. Una vez finalizados, los imprimí en vinilos transparentes y los pegué manualmente sobre madera, cuidando cada detalle para que encajaran con el estilo natural de la boda. Fue un trabajo totalmente artesanal, hecho con mimo y mucha dedicación.

Diseñé un rincón especial para el seating plan, uno de esos momentos clave en cualquier boda: cuando cada invitado busca su sitio para sentarse a comer. Quería que fuera más que una simple lista, así que cuidé mucho la presentación y el diseño.

Creé tarjetas personalizadas con el nombre de cada persona y su mesa correspondiente, todo siguiendo la estética de la boda. El mensaje principal era claro y con un toque divertido: "Para ir a comer, busca tu mesa". Fue un rincón bonito, funcional y con alma, donde cada detalle contaba.

Los menús de mesa también fueron diseñados por mí, con un sello lacrado aplicado con pistola de cera, aportando un toque artesanal y sofisticado.


Decoración y ambientación

La decoración es algo que me llena por dentro. Siempre me ha apasionado hojear revistas, seguir tendencias, imaginar espacios… y, por qué no decirlo, también comprar. Tenía clarísimo lo que quería para este día y lo plasmé con precisión, como tantas veces lo había soñado.

La gama cromática giraba en torno al blanco, verde mint y dorado. Incluso mis zapatos y abanico iban a juego con los vestidos de mis sobrinas, que me acompañaron vestidas en los mismos tonos.

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Opté por un estilo moderno rústico. Las mesas se presentaban sin vestir, dejando la madera al natural, y sobre ellas coloqué manteles individuales redondos de rafia que aportaban textura y un aire desenfadado pero cuidado. Todo se completaba con vajilla de diseño, cubertería dorada y centros florales de paniculata y eucalipto.


Iluminación

Llené el espacio con bombillas de estilo industrial colgantes, lámparas de rafia con luz cálida y guirnaldas que creaban un ambiente mágico.

Debajo de un árbol centenario, preparé un rincón con sillones, perfecto para descansar y conversar bajo la luz tenue.

Rincones especiales y noche mágica

Organicé un candy bar precioso para acompañar la discoteca, con humo, bolas de luz inspiradas en los años 80/90, y un fotomatón para capturar recuerdos espontáneos.

La joya de la corona fue un equipo disfrazado que convirtió la fiesta en un verdadero espectáculo.

Recuerdo a los que no están

Uno de los rincones más emotivos fue el espacio dedicado a quienes nos acompañaban desde el cielo. Un lugar lleno de luz, memoria y presencia simbólica.


Resultado

El resultado fue una boda profundamente personal, cuidada al milímetro y vivida con intensidad. Cada detalle tenía un propósito, una emoción, una historia detrás. Superó todas nuestras expectativas y reafirmó algo que ya intuía: quiero dedicarme a organizar bodas y ayudar a otros a vivir experiencias únicas, llenas de magia y significado.

Cada detalle de nuestra boda fue una extensión de lo que somos: hecha con amor, pensada con mimo y diseñada con el corazón.
Natalia Marco